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Mi Casita Boricua en Atlanta conquista paladares con sabrosos platillos

Mi Casita Boricua conquista paladares con sabrosos platillos y un ambiente acogedor que incluye música en vivo los fines de semana en Lilburn
2019-08-09T12:18:06+00:00
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  • Mi Casita Boricua es el restaurante puertorriqueño del que mucha gente en Georgia está hablando muy bien
  • Al hablar de la carta de su restorán, su dueño dijo que incluye los platos más representativos de la Isla del Encanto
  • Los clientes pueden disfrutar de imágenes de Puerto Rico, así como de sus artistas y deportistas más queridos

A cuatro semanas de su inauguración, Mi Casita Boricua es el restaurante puertorriqueño del que mucha gente en Georgia está hablando muy bien debido a su grato y novedoso concepto gastronómico.

Mi Casita Boricua conquista paladares con sabrosos platillos y ambiente acogedor
Jean Michael Díaz, el jefe de meseros de Mi Casita Boricua, sirve unos almuerzos a la familia puertorriqueña conformada por (de izq. a der.) Lucas, José, María y Marlene Ferbus-García. Foto: Miguel Martínez/MH.

“El 13 de julio tuvimos la inauguración y ha sido un éxito rotundo. En la primera semana tuvimos a más de cinco mil personas. Gracias a Dios que ha gustado nuestro concepto”, mencionó el chef puertorriqueño Michael Joel Díaz, propietario de Mi Casita Boricua.

Basta con ver en la entrada del restorán a Díaz, quien con una perenne sonrisa y una amena conversación recibe a los comensales para llevarlos a su mesa, para darse cuenta de que algo bueno está por suceder.

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Mientras esperan al mesero para ordenar algunas de las delicias del chef Luis Miranda, los clientes pueden disfrutar la decoración del bar que emula a una típica casita de campo boricua y las pinturas de Alon Goretty que cuelgan de sus paredes con imágenes de Puerto Rico, así como de sus artistas y deportistas más queridos.

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Mi Casita Boricua
Tras 17 años de trabajar arduamente en la industria gastronómica en Georgia, el chef puertorriqueño Michael Joel Díaz (izq.), en colaboración con su familia que incluye a su esposa Rizzoly Del Mar Rosario (der.) abrió su anhelado restaurante Mi Casita Boricua. Mientras que Michael Joel supervisa la cocina, atiende a los clientes, entre otras tareas, Rizzoly comanda el bar con alegría y prepara deliciosas bebidas como una piña colada de ensueño. Foto: Miguel Martínez/MH.

“Queremos que la gente desde que entre a Mi Casita Boricua sienta que está como en casa. Todo está creado para que la gente empiece a conversar y sienta nostalgia”, dijo Díaz. “Luego viene nuestra comida, la más auténtica y sabrosa de Georgia con la receta de mamá. Estamos aquí para servirles con vibra positiva y calor humano”, agregó.

El menú de Mi Casita Boricua

Mi Casita Boricua
Mi Casita Boricua sirve platos como el mofongo con carne frita (izq.), una tabla con pernil, arroz con gandules, bistec encebollado, alcapurrias y pastelillos (der.) y bebidas como la sangría de parcha. Foto: Miguel Martínez/MH.

Al hablar de la carta de su restorán, Díaz dijo que lo creó con la colaboración del chef Carlos Villa e incluye los platos más representativos de la Isla del Encanto con la sazón que aprendió en casa de su madre Rosa María Rivera y de su abuela Gloria Rivera y que luego perfeccionó trabajando en varios restaurantes, en su casa y en su negocio de catering en Georgia de 2004 a 2018.

«Nuestra comida es la más auténtica y sabrosa de Georgia con la receta de mamá. Estamos aquí para servirles con vibra positiva y calor humano», Michael Joel Díaz, dueño de Mi Casita Boricua

El menú se divide en aperitivos como las alcapurrias (típica fritura de yautía y guineo verde rellena de carne molida o cangrejo), sorullitos de maíz y pastelillos de carne, pollo, cangrejo o camarón.

Solo ofrece una sopa: el asopao de pollo. Hay cuatro tipos de ensaladas incluyendo una de pulpo y otra de carrucho o concha marina. También se sirven tres tipos de sándwiches: la tripleta (cerdo, jamón y pollo), pernil y pollo.

Jean Michael Díaz y Ana Gabriela Rodríguez preparan un par de almuerzos especiales, que incluye sopa, ensalada, refresco y una carne con arroz, a los clientes de Mi Casita Boricua. Foto: Miguel Martínez/MH.

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El apartado de carnes, que se sirven con arroz blanco o guisado y tostones/maduros o papas fritas, es amplio ya que hay churrasco, bistec empanizado o encebollado, cerdo, carne frita, chuleta frita y pernil. Hay cuatro variedades de pollo y tres pescados: chillo (pargo) frito, filete a la plancha o empanizado.

Uno de los platos más emblemáticos es el mofongo (plátano maduro majado en un pilón con ajo y especias) servido ya sea al estilo Mar y Tierra, o con chicharrones de pollo, churrasco, camarones, carrucho, pulpo o mariscos.

Una de las especialidades de Mi Casita Boricua son las tablas familiares que se sirven para cuatro, cinco, 10, 15 o más personas. Es el plato más caro del menú que incluye un tipo de arroz, tres o cuatro tipos de carnes y varios aperitivos para compartir en grupo.

“Creamos las tablas para que en esta época donde todo mundo tiene en la mano su celular, te puedas sentar a comer, apagando el teléfono y a conversar y pasar un buen rato en familia”, subrayó Díaz.

Entre semana, de 11 a.m. a 3 p.m., se sirven almuerzos especiales a $7.99, que incluye sopa, ensalada, refresco y una carne que puede ser pernil, chuleta frita o bistec encebollado con un tipo de arroz.

El concepto de Mi Casita Boricua

Tras 17 años de trabajar en la industria gastronómica en Georgia, primero con el chef boricua Raúl Thomas, luego en el restaurante Salsa con Sabor y después en el salón de banquetes Ashton Gardens: Wedding and Event Venues, el chef Díaz reunió el capital y la experiencia para abrir su propio restaurante.

Con este óleo del pintor colombiano Alon Goretty, Michael J. Díaz rindió homenaje a sus abuelos Gloria y Esteban Rivera en su casa en el pueblo de Corozal en Puerto Rico. El dueño de Mi Casita Boricua, que siendo niño viajaba de San Juan al campo con sus abuelos y recuerda los sencillos pero sabrosos platos de la abuela Gloria (que con cigarro en los labios se inspiraba mejor con sus guisos en su fogón campirano. Foto: Miguel Martínez/MH.

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“Se me hace un nudo en la garganta al recordar cómo comenzó todo. Aprendí a cocinar gracias a mi abuela Gloria Rivera y mi madre Rosita, mi ‘novia’ como yo le digo. Un cuadro que está colgado en una pared de restaurante cuenta la historia de mi abuela mientras cocinaba en el fogón y mi abuelo Esteban Rivera trabajando en el campo de Corozal”, mencionó el chef boricua.

El concepto de Mi Casita Boricua es simple, pero con mucho corazón. Comida auténtica con una sazón muy especial.

«Nuestra comida sabe a campo, a la casa humilde de mis abuelos en Corozal y a todas las casas humildes de Puerto Rico. Por eso el bar está diseñado con techos y paredes al aire libre de esas casas», indicó Díaz.

El recorrido de Díaz desde que inició trabajando en la cocina en Georgia hasta abrir Mi Casita Boricua no ha sido fácil.

En 2015, tras un accidente que le reventó una rodilla debido a la acumulación de años de cargar las pesadas charolas mientras trabajaba en Ashton Gardens, Díaz tuvo que someterse a un par de operaciones. Presionado por la necesidad de conseguir dinero, Díaz comenzó a preparar y vender su comida desde su casa.

«Ese es el origen del nombre de Mi Casita Boricua, ahí comenzó todo esto. Tras cuatro meses de éxito rotundo tuve que dejar de hacerlo porque llegó el gobierno de la ciudad me dijo que era ilegal. Así fue como creé Mi Casita Boricua Catering hasta que pude abrir el restaurante», acotó el chef caribeño.

En la zona VIP de Mi Casita Boricua, decorada con un cuadro del gran Héctor Lavoe, hay un par de sillones e instrumentos musicales típicos de la Isla del Encanto. Aquí es donde los músicos invitados los fines de semana ponen a bailar y cantar a los comensales del restaurante puertorriqueño. Foto: Miguel Martínez/MH.

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De 2018 hasta el 13 de julio pasado, fecha en que se inauguró Mi Casita Boricua Restaurant, Díaz en colaboración con su esposa Rizzoly Del Mar Rosario y su hija Ana Gabriela Rodríguez preparaban la comida, la montaban en su automóvil y hacían un viaje de Lawrenceville hasta Macon entregando sus delicias.

Música y entretenimiento los fines de semana

Para alegrar la atmósfera, Díaz ha planeado veladas familiares con música y diversión para su clientela. El restaurante tiene un espacio VIP con un par de cómodos sillones donde los músicos invitados se instalan para hacer lo suyo.

Los viernes es Noche de Karaoke, los sábados hay música en vivo y los domingos es Noche de Bohemia con Nelson Vega.

Además, Díaz comentó que tienen planeado traer shows de comedia estilo Stand-Up y conciertos como el del cantante boricua Edgar Joel el próximo 24 de agosto.

Como buen puertorriqueño, a Díaz le fascina la música típica de su país y la salsa. Por ello, comisionó al pintor colombiano Goretty varios óleos, a gran escala, para decorar su establecimiento con imágenes de Puerto Rico y de sus artistas y deportistas más queridos como Daddy Yankee, Frankie Ruiz, Héctor Lavoe, Vico C, Ivy Queen, Ricky Martin, J.Lo, Tito Trinidad y Héctor ‘Macho’ Camacho, entre otros.

Mi Casita Boricua Restaurant

Cuándo: Martes-jueves y domingos, 10 a.m.-10 p.m.; viernes y sábados, 10 a.m.-12 m.
Costo: $2-$50.
Dónde: 550 Pleasant Hill Rd., Lilburn.
Info: 770.318.1947 y www.micasitaboricua.com

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Bad Bunny volvió a acaparar titulares, pero esta vez no por su música, sino por un acto que sorprendió a trabajadores en Australia.

A días de sus conciertos en ese país, el artista puertorriqueño protagonizó una escena que rápidamente se volvió viral.

El cantante visitó una cafetería en Sídney sin llamar la atención y terminó dejando una huella difícil de olvidar.

El gesto no solo impactó al personal, sino también al negocio, que reportó un aumento notable en ventas.

Una visita discreta en Sídney

Bad Bunny deja jugosa propina
Bad Bunny deja jugosa propina en restaurante-Foto: Shutterstock

El intérprete de “Monaco” acudió a The Rusty Rabbit, un establecimiento ubicado en el barrio de Darlinghurst. De acuerdo con empleados que hablaron con la revista Hola!, llegó acompañado por su equipo, pero manteniendo bajo perfil.

Durante su estancia pidió un desayuno que incluyó panqueques y café, comportándose como cualquier otro cliente. Su actitud sencilla hizo que en un inicio no fuera reconocido por quienes lo atendían.

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Tras terminar su comida, el momento que parecía rutinario se transformó en una sorpresa total. Al pagar la cuenta, el artista dejó una propina de 100 dólares estadounidenses, equivalente a unos 140 dólares australianos.

Pero el gesto no terminó ahí, ya que decidió agradecer de una forma aún más especial. También entregó boletos VIP para su próximo concierto a los empleados que lo atendieron.

La sorpresa que nadie esperaba

Los trabajadores quedaron impactados cuando descubrieron la identidad de su cliente. La reacción fue de asombro y emoción al recibir acceso exclusivo para verlo en vivo.

La noticia comenzó a circular rápidamente en redes sociales y medios internacionales. El acto fue interpretado por muchos como una muestra de humildad del cantante.

Más allá del dinero, el detalle de invitar al personal a su show fue lo que más llamó la atención. El gesto reforzó la imagen de un artista cercano a la gente, incluso lejos de casa.

El dueño del local también destacó el impacto positivo que generó la visita. Según reportes, el café experimentó un incremento del 94% en sus ventas tras conocerse la historia.

@badbunnyprgloballl

BadBunny fue visto ayer en un restaurante de Australia 🐰🇦🇺 #badbunny #badbunnypr #DTmF #australia

♬ original sound – Bad Bunny Globalll

Un gesto que trasciende la música

La visita de Bad Bunny ocurrió en medio de la expectativa por sus presentaciones en Australia. El artista se encuentra en el país como parte de su agenda de conciertos internacionales.

Aunque su nombre suele estar asociado a éxitos globales, esta vez fue su actitud lo que generó conversación. La historia demuestra cómo un acto espontáneo puede tener repercusiones más allá del escenario.

Para los empleados de The Rusty Rabbit, el encuentro quedará como una anécdota inolvidable. Asimismo, para el negocio, significó una exposición mediática inesperada y beneficiosa.

Y para el público, fue otra prueba de que detrás del fenómeno musical existe una figura que valora los pequeños momentos. En Australia, Bad Bunny no solo prepara conciertos multitudinarios, también dejó una historia que ya recorre el mundo.

 

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