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Profe Claudio Nieto: Fases ovulatoria y lútea

La mujer pasa por diferentes procesos que el hombre y el más claro se marca con el ciclo menstrual que vive cada mes.
2024-02-12T13:58:19+00:00
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Fase ovulatoria, Shutterstock
  • Profe Claudio Nieto te explica un poco de las fases ovulatorias.
  • Las fluctuaciones hormonales, como el estrógeno y la progesterona, impactan en el cuerpo y la mente durante el ciclo menstrual.
  • Ajustar las rutinas de ejercicio, alimentación y cuidado según la fase del ciclo menstrual es clave para optimizar el bienestar.

En nuestro recorrido por el complejo y fascinante mundo del ciclo menstrual, hemos explorado la crucial primera fase, la folicular.

Ahora, dirigimos nuestra atención hacia dos etapas igualmente significativas: la fase fértil y la fase lútea. Estas fases no solo son relevantes para las mujeres, sino también para nosotros, los hombres.

Recordemos que el ciclo menstrual se compone principalmente de tres fases: folicular, ovulatoria y lútea. En la fase folicular, observamos un aumento en la hormona estrógeno y en la hormona folículo-estimulante (FSH).

Durante la fase fértil, los óvulos maduran y se produce una mayor secreción de estrógenos, cuya cantidad es analizada por el hipotálamo para determinar el grado de madurez.

La fase ovulatoria

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Posteriormente, el hipotálamo genera altas cantidades de la hormona luteinizante (LH), lo que provoca la liberación del óvulo maduro, dando inicio a la fase ovulatoria.

Durante esta etapa, el óvulo viaja hacia el útero, marcando los días de mayor fertilidad en la mujer.

Es importante destacar que durante estos días fértiles, las posibilidades de concebir aumentan significativamente.

Esta es la base de los test de ovulación, que detectan niveles elevados de LH en la orina, indicando el momento óptimo para la fertilización.

La fase central

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La fase ovulatoria, o «fase central» del ciclo, generalmente dura entre uno y cuatro días, coincidiendo con los días 11, 12, 15 y 16 del ciclo menstrual.

Durante esta fase, se produce un pico en los niveles de estrógeno y testosterona, lo que puede reducir el apetito y aumentar la libido.

Muchos atletas aprovechan este período para ajustar ligeramente su ingesta calórica, ya que la disminución del apetito puede facilitar la pérdida de grasa, además de que el metabolismo basal y la temperatura corporal tienden a aumentar.

Estas hormonas también contribuyen a un aumento de la fuerza muscular, lo que sugiere la oportunidad de intensificar los entrenamientos en deportistas de competición.

Precauciones

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Sin embargo, es importante tener precaución, ya que durante la ovulación hay un mayor riesgo de lesiones debido al incremento repentino de fuerza, que puede superar la capacidad articular para soportarlo.

Tras la ovulación, entra en juego la fase lútea, que abarca desde el final de los días fértiles hasta los días previos a la menstruación. Durante esta etapa, el cuerpo produce progesterona, que equilibra los efectos del estrógeno.

La progesterona reduce el grosor del revestimiento uterino y previene el cáncer de mama, entre otros beneficios.

También estimula la actividad de la glándula tiroides y reduce la inflamación, facilitando la recuperación muscular y promoviendo la relajación.

Efectos colaterales

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Sin embargo, la falta de progesterona puede desencadenar síntomas como ansiedad, irritabilidad y retención de líquidos.

Es fundamental mantener una dieta equilibrada durante esta fase, priorizando grasas saludables y reduciendo la ingesta de carbohidratos refinados.

Además, algunos suplementos como GABA, magnesio y vitamina B pueden ayudar a mitigar posibles déficits de progesterona.

En cuanto al entrenamiento, se recomienda ajustar la intensidad y centrarse en actividades cardiovasculares suaves al principio de la fase lútea.

Fases del ciclo

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Lo anterior debido a la menor sensibilidad a la insulina y al aumento del uso de grasas como fuente de energía.

En resumen, comprender las diferentes fases del ciclo menstrual y sus implicaciones hormonales no solo es crucial para la salud reproductiva de la mujer, sino también para optimizar el rendimiento físico y mental en ambos sexos.

Conocer y respetar los cambios hormonales a lo largo del ciclo menstrual nos permite adaptar nuestras rutinas de ejercicio, alimentación y autocuidado para lograr un bienestar integral.

Profe Claudio Nieto se despide de ti y espera que esta información te sea de uso. ¡Hasta la próxima!

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En nuestro viaje por comprender mejor cómo nuestro cuerpo obtiene y utiliza la energía, nos encontramos con un tema fascinante: la relación entre el cerebro y la glucosa.

¿Es realmente cierto que el cerebro solo puede funcionar con glucosa como combustible? Vamos a explorar este mito y descubrir otras vías energéticas que podrían sorprenderte.

Si recordamos lo que aprendimos previamente, nuestras células tienen una preferencia natural por utilizar grasas como combustible en lugar de glucosa.

Sin embargo, ¿existen excepciones a esta regla? ¿Hay células que no pueden metabolizar las grasas correctamente?

Metabolización de grasa

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La respuesta nos lleva a un descubrimiento fascinante realizado por el científico Otto Heinrich Warburg, quien reveló que las células cancerígenas tienen una preferencia por la glucosa como fuente de energía.

Este fenómeno, conocido como el efecto Warburg, ha dado lugar a teorías sobre el papel de la glucosa en el desarrollo del cáncer.

De hecho, algunos tratamientos oncológicos están empezando a incorporar dietas cetogénicas, que son altas en grasas y bajas en carbohidratos, como parte de su enfoque terapéutico.

La idea detrás de esto es privar a las células cancerígenas de la glucosa que necesitan para crecer y proliferar.

El cerebro y la glucosa

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Sin embargo, este no es el único caso en el que el cuerpo requiere glucosa. Ciertas células, como los glóbulos rojos y algunas células cerebrales de pequeño tamaño, no tienen la capacidad de metabolizar grasas y dependen exclusivamente de la glucosa como fuente de energía. Pero, ¿qué sucede si no consumimos azúcares?

Resulta que nuestro cuerpo tiene formas ingeniosas de obtener glucosa incluso sin consumir azúcares directamente.

Una de estas vías implica la producción de glucosa a partir de otras fuentes, como las proteínas y las grasas.

De hecho, el hígado puede convertir proteínas y grasas en glucosa a través de un proceso llamado gluconeogénesis.

Grasa del cuerpo

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Además, el glucógeno, una forma de almacenamiento de glucosa en el cuerpo, puede descomponerse para liberar glucosa cuando sea necesario.

Este proceso es fundamental para mantener niveles estables de glucosa en sangre entre comidas.

Sin embargo, es importante destacar que la eficiencia de estas vías puede variar de una persona a otra.

Aquellos que consumen alimentos con frecuencia, interrumpiendo constantemente el proceso de glucogenólisis, pueden experimentar una pérdida de eficacia en la utilización de glucosa almacenada.

Organismos diferentes

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Por otro lado, las personas con flexibilidad metabólica, es decir, la capacidad de utilizar tanto grasas como glucosa como fuente de energía, pueden experimentar múltiples beneficios para la salud, incluido un mejor rendimiento deportivo y una mayor resistencia.

En resumen, si bien es cierto que el cerebro necesita glucosa para funcionar correctamente, nuestro cuerpo tiene mecanismos para obtenerla incluso sin consumir azúcares directamente.

La clave está en mantener un equilibrio saludable entre la ingesta de carbohidratos, grasas y proteínas, y en desarrollar una flexibilidad metabólica que nos permita utilizar eficientemente diferentes fuentes de energía.

Profe Claudio Nieto se despide de ti por el momento y espera que esta información haya sido de tu agrado. ¡Hasta la próxima!